Para fotografiar entero el campanile, racimos de turistas japoneses doblan el cuello cámara digital en ristre. Los africanos del top manta huyen de los carabinieri sorteando la larga cola formada para subir a la cúpula de Bruneleschi, maravilla arquitectónica que conserva su esplendor aún a pesar de las grietas. Otro grupo, esta vez españoles, inmortalizan con una mano las magníficas puertas del batisterio, con la otra comen helados.
En la plaza de la Signoria el palacio Vecchio con su orgullosa torre es vecino de la loggia dei Lanzi que muestra un Perseo y un rapto de las Sabinas entre otras esculturas. Los guardianes del medio ambiente vigilan la zona para evitar desmanes. Un imponente Neptuno no consigue hacer sombra a una de las réplicas del famoso David o el cuerpo perfecto. La ciudad está llena de reproducciones de sus atributos en todas las formas imaginables, incluso, ¡¡¡horror!!! estampados en unos calzoncillos con la bandera italiana de fondo.
Los Uffizi está en obras dentro y fuera. Un cierto deterioro y alguna sala mal iluminada. Tablas del siglo XIII y Giotto. El XIV y el XV nos llevan a Piero della Francesca y los duques de Urbino. La guía dice que son rostros investigados con minuciosa impiedad. Otro como Goya.
Filippo Lippi y la Virgen con el Niño y dos Angeles. Boticcelli, Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Rafael... el tríptico Portinari de van der Goes, Flora de Tiziano, Eleonora de Toledo de Bronzino, la Anunciación de Lorenzo di Credi, Porzia de Fra Bartolomeo y tantos cuadros de esta colección única compensan los inconvenientes. Anécdota para cinéfilos: hay un retrato de Baroncelli, María Bonciani, que es clavada a Meryl Streep.
Al salir de la Galería un hormiguero humano rodeado de oro invade el ponte Vecchio. Va cediendo el calor y a los pies del monumental arco de la plaza de la República actúan cantautores y mimos por una buena causa.
Desde la plaza de Miguel Angel (de nuevo un David) el sol se pone con todos los destellos de su catálogo y tiñe la ciudad de un color solo apto para espectadores poco impresionables. Sospecho que es un truco final para que nos reconciliemos con Florencia.
En la plaza de la Signoria el palacio Vecchio con su orgullosa torre es vecino de la loggia dei Lanzi que muestra un Perseo y un rapto de las Sabinas entre otras esculturas. Los guardianes del medio ambiente vigilan la zona para evitar desmanes. Un imponente Neptuno no consigue hacer sombra a una de las réplicas del famoso David o el cuerpo perfecto. La ciudad está llena de reproducciones de sus atributos en todas las formas imaginables, incluso, ¡¡¡horror!!! estampados en unos calzoncillos con la bandera italiana de fondo.
Los Uffizi está en obras dentro y fuera. Un cierto deterioro y alguna sala mal iluminada. Tablas del siglo XIII y Giotto. El XIV y el XV nos llevan a Piero della Francesca y los duques de Urbino. La guía dice que son rostros investigados con minuciosa impiedad. Otro como Goya.
Filippo Lippi y la Virgen con el Niño y dos Angeles. Boticcelli, Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Rafael... el tríptico Portinari de van der Goes, Flora de Tiziano, Eleonora de Toledo de Bronzino, la Anunciación de Lorenzo di Credi, Porzia de Fra Bartolomeo y tantos cuadros de esta colección única compensan los inconvenientes. Anécdota para cinéfilos: hay un retrato de Baroncelli, María Bonciani, que es clavada a Meryl Streep.Al salir de la Galería un hormiguero humano rodeado de oro invade el ponte Vecchio. Va cediendo el calor y a los pies del monumental arco de la plaza de la República actúan cantautores y mimos por una buena causa.
Desde la plaza de Miguel Angel (de nuevo un David) el sol se pone con todos los destellos de su catálogo y tiñe la ciudad de un color solo apto para espectadores poco impresionables. Sospecho que es un truco final para que nos reconciliemos con Florencia.







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