A algunas que venimos de una escuela en la que escribíamos con pluma y tintero, o sea, eso que llamábamos caligrafía, se nos quedó el vicio de escribir a mano y así seguimos. Casi todos los días trasladamos a un cuaderno, preferiblemente cuadriculado o de dos rayas para no torcernos, las alegrías, las dudas y algún cabreo. Eso si, hemos cambiado la estilográfica por un Pilot G-2 que escribe requetebién.
Pero eso no quita que seamos conscientes de que es imprescindible aprender todo lo que podamos sobre las sacrosantas nuevas tecnologías. La primera vez que tropecé con ellas, y aquí me pondré dramática: me costó sangre, sudor y lágrimas como dijo Churchill. Hace 37 años, necesité avanzar, pasando de hacer facturas con una máquina de escribir manual y una calculadora al Word Perfect y la facturadora con "cerebro".
De entonces a aquí, los ingenios se han ido sucediendo tan deprisa que a veces no tengo tiempo, incluso estando jubilada, de asimilar y aprender tantas novedades. Desde luego, para lo que me ha pasado esta mañana (menos mal que ya había desayunado e ingerido entre otros fármacos la pastilla para controlar la tensión arterial) no estaba preparada.
Resulta que además de otros artilugios tengo una tablet o dicho con propiedad una iPad divinadelamuerte. Para encender y apagar o subir y bajar el sonido, la pestañita, la teclita o el interruptor están como escondidos y yo, incluso en mi momento actual de uñas recortadas a ras de dedos, que ya ni siquiera hablamos de la manicura permanente que me hacen de vez en cuando y con la que luzco una longitud de uñas que viene a ser la diezmillonésima parte de las de Rosalía, pues eso que aún así, casi nunca lo consigo a la primera.
Esta mañana la manipulación de mi trasto digital tal vez me ha pillado en Mister Hyde o no había dormido bien o es que acababa de escuchar las últimas noticias sobre Minneapolis o vaya usted a saber por qué. Total que he dicho en voz alta: ¡pero mira que eres gilipollas! y al momento, ha aparecido un mensaje en el borde inferior de la pantalla que decía: ESO NO ESTÁ NADA BIEN.
En fin, que pasado el sobresalto he pensado que Siri necesita una actualización urgente, porque los mensajes del tipo, eso no se dice, eso no se hace, eso no está bien, han caducado hace mucho y además la Ciencia ha revelado que las palabrotas y las groserías liberan el cerebro y aumentan la concentración y la confianza. Esto último lo he leído en un periódico de papel de esos que había antes.
No comments:
Post a Comment