Escalón a escalón va rodando
una botella vacía de cerveza.
Verde, alemana, rodando si.
Todas las risas y todos los gritos
han callado sin por qué.
De repente sólo está el silencio.
Calla ese negro empeñado
en invocar desde el fondo de la bahía
al viejo Otis Reding,
calla incluso el amante enroscado
en la boca de su amante infiel.
Todos mudos, ahora, como maniquíes.
El sonido del cristal que no rompe
se expande por la bóveda celeste,
más allá de las estrellas y el sol...
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