Thursday, November 12, 2020

Trámite

Salió temprano de la ciudad,

a esa hora en que riegan los jardines

y las calles huelen a un recuerdo de pescado, pan y leche.

Pasó veloz por el mapa hasta dejarse ir por una pista forestal.

El sol estaba tan bajo que hervía en las manos.

El desvío desembocó en un sendero más estrecho

y el hombre echó a andar.

El sendero se hizo ahora hondo y sombrío,

cubierto por una bóveda de laurel y un esplendor de helechos.

El suelo estaba húmedo y frenaba sus pasos suavemente.

Iba ya descamisado, con amables heridas en los brazos.

El camino cruzaba un arroyo y el hombre lo salvó

saltando por islas de juguete. Luego tomó el atajo

de los árboles blancos hasta el viejo molino.

Se sentó junto a la presa, donde dormía el agua

su sueño verde, limpió el sudor y abrió el portafolios.

Si señor, aquél era el prado que había que embargar. 

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