La vida nos demuestra
que siempre ha de llegar el día siguiente,
a pesar de las hojas
caídas de esa cruel incertidumbre
que obliga a descender a los inviernos
sin fin de cada uno.
La vida nos coloca
en un amanecer aventurado,
para luego rendirnos
con algún pensamiento sobre el límite
de la noche desierta.
Apenas hay que hacerle
caso al día siguiente, a la pregunta
sobre cómo llegar, si no nos consta
que existiera algún punto de partida,
a pesar de que el tiempo
va posando en nosotros su inclemencia
en nombre de las horas aplazadas.
Tu y yo nos encontramos
Tu y yo nos encontramos
en Washington Square.
Me invitaste a cenar
en un club, y la orquesta
tocó para nosotros
Indian summer... bailamos
inmersos en la noche neoyorquina.
Más tarde, mi vestido
brillaba abandonada sobre el suelo
de aquel apartamento, donde era
muy distinta la música: palabras
y suspiros mezclados con sirenas
de los barcos lejanos...
Pero ¿será posible
que no recuerde ahora,
mientras abro los ojos
cómo se titulaba la película
donde vi estas escenas?
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