Esta inesperada redondez
este perder mi cintura de ánfora
y hacerme tinaja,
es regresar al barro, al sol,
al aguacero
y entender como germina
la semilla
en la humedad caliente
de mi tierra.
Mensaje urgente a mi madre
Fuimos educadas para la perfección:
para que nadie fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.
¡Como nos esforzamos, ansiosas
por demostrar que eran ciertas las
esperanzas tanto tiempo atesoradas!
Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarillentos, azahares marchitos
ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.
Perdón, madre, por las impertinencias
de gallinas viejas y copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.
Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaba la tradición
y el buen gusto.
Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.
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