Wednesday, November 11, 2020

Palabras

Hachas 

después de cuyo golpe la madera resuena

crea ecos

ecos que se desplazan

desde el centro, lo mismo que si fuesen caballos.

Su savia

mana como las lágrimas, como el

agua que intenta

recomponer su espejo

sobre la roca

que gotea y da vueltas,

cráneo blanco,

comido por el musgo.

Años después

las vuelvo a encontrar en mi camino

palabras secas y sin jinete,

el ruido infatigable de sus cascos.

Mientras,

al fondo del estanque hay estrellas inmóviles

que rigen una vida.


Las musas inquietantes


Madre, me hiciste aprender el piano

y elogiabas mis trémolos, mis trinos,

aunque el maestro hallaba que mis dedos

eran de madera a pesar de las claves

y las horas de práctica, mi oído

sordo a toda armonía, se volvía

insensible. Aprendí en otros sitios,

de musas que tú madre, no sabías. 

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