Nadie se acuerda de las mujeres.
La verdad es que no sabemos nada de ellas.
Las veo a veces en las calles, en las tiendas, sonriendo.
Esperando a sus hijos a la salida del colegio.
Trabajan en todas partes.
Amas de casa encerradas en cocinas que dan a patios de luces.
Sonríen las mujeres, como si la vida fuese buena.
En muchos países las lapidan.
En otros las violan. En el nuestro las maltratan hasta morir.
Trabajan fuera de casa y trabajan en casa, y trabajan en
las pescaderías o en las fábricas o en las panaderías o en
los bares o en los bingos. No sabemos en qué piensan
cuando mueren a manos de los hombres.
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