Mi mente solo piensa en el placer:
caballos y palacios, el oro y las mujeres.
No me basta nada de lo que tengo.
Algunas noches me disfrazo de esclavo
y me pongo al servicio de cualquier mercader
para saborear la más rara delicia:
la de ser humillado como un dios que de
incógnito se extravía en el mundo.
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