Hay algo que nos pasa inadvertido,
algo que nos transita y que no vemos.
Borges lo llama "Aleph", y los sencillos
lo llamamos misterio.
Hay algo prodigioso, cuando el sabio
entrega el universo convertido
en silla de montar. Los experimentales
en sus laboratorios blanquecinos,
el místico en su celda, el negro en paroxismo
y la mujer de parto, y el viejo de los cuentos
de los fantasmas provincianos,
y todo aquel que despertó una noche
creyendo en lo que había dudado mucho tiempo
sabe que existe un lado intransitable
de donde surge el estremecimiento.
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