Sunday, November 29, 2020

Fábula

Le supliqué a mi esclavo, no te duermas

y vigila la casa del desierto...

Mi esclavo se durmió tras de su sombra;

la luz llegó, se fue... Cuando a mi esclavo

le pregunté, muchacho ¿vigilaste?

el carmín, el pavor y las almendras

turbadas de sus ojos proclamaban

tanta infidelidad como inocencia.

...Le he dado libertad. Ahora me ocupo

sólo de vigilar la inmensa noche.

Pero la luz no ha vuelto y son de arena

mis inútiles ojos en las sombras. 

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