Monday, November 09, 2020

El reloj

Esto de no ser más que tiempo espanta.

La solución bajo el costado izquierdo:

un fiel reloj al que jamás me acuerdo

de darle cuerda y, sin embargo canta.

Canta con un martillo en la garganta,

mas sé que estoy perdido si lo pierdo.

A martillazos vive su recuerdo.

Sin embargo, ni atrasa ni adelanta.


Donde el poeta muestra su escepticismo ante la muerte

y termina venciéndose a la amada 


La soledad, mi mala consejera,

vuelve otra vez a hablarme en el oído:

Para habitar la bruma o el olvido

basta morirse de cualquier manera.

Lo mismo da morirse en primavera

de una corazonada, que mordido

por los perros del hambre, que aterido

en un invierno pálido y cualquiera.

La verdad es que igual me da sentirme

de silencio la voz, el pie de roca,

yerto para escaparme o evadirme.

Máteme a mi la muerte que me toca.

A mi tanto me da de qué morirme.

Pero es mejor morirme de tu boca.

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