Un matemático se enamoró locamente
de una joven mujer, atractiva y fascinante.
Para acreditar de sus curvas la perfección,
de ratios armónicos y ángulos se valió,
garabateando jeroglíficos alarmantes.
Sea X belleza, e Y buenas maneras,
Z la fortuna, (esto último es esencial).
Sea L la inclinación al amor - enunció -
Entonces, L es una función de X, Y y Z
del tipo que conocemos como potencial.
Y proclamó - Si el errante curso de la luna
con el Álgebra puede ser predicho,
los afectos femeninos pronto también serán.
Pero ella se fue con un teniente de dragones
dejándole perplejo y aflijido.
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