Más allá de la música de las esferas,
Einstein escucha un tam-tam oscuro
en el tambor tenso del espacio tiempo,
ondas de gravitación pura
que jamás ha oído nadie
sino él en sus cálculos.
Cilindros de acero frío, hipersensibles,
escrutan el cielo a la búsqueda
de un eco, de un hábito de onda que no llega.
Y cada vez son más los que se afanan,
con instrumentos y números, a explorar
las más difíciles titilaciones de la tiniebla,
ritmos escurridizos y elusivos. Haced como ellos:
llenaos de infinito,
abrid las ventanas al espacio.
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