No seré esclava de ningún amor.
A nadie
devolveré el sentido de su vida,
su derecho al crecimiento constante
hasta el último aliento.
Maniatada por el oscuro instinto
de la maternidad,
sedienta de ternura
como el asmático
de aire,
con qué empeño construyo en mí
el hermoso egoísmo humano,
reservado desde hace siglos
para el varón.
Contra mi
están todas las civilizaciones del mundo,
todos los libros santos de la humanidad
escritos por ángeles místicos
con la expresiva pluma del relámpago.
Diez Mahomas
en diez elegantemente enmohecidas
lenguas
me amenazan con la condenación
en la tierra y en el cielo eterno.
Contra mi
está mi propio corazón
amaestrado por milenios
en la cruel virtud de la víctima.
Una conversación a través de la puerta
A las cinco de la mañana
le golpeo la puerta.
Le digo a través de la puerta:
en el hospital de la calle Sloska
su hijo, un soldado, está muriendo.
Él entreabre la puerta,
sin quitar la cadena.
Detrás suyo su esposa
tiembla.
Le digo: su hijo le pide a la madre
que venga.
El dice: la madre no irá.
Detrás suyo la esposa
tiembla.
Le digo: el doctor nos permitió
darle vino.
El dice: por favor espere.
Me alcanza una botella a través de la puerta,
luego le pone llave,
luego le pone una segunda llave.
Detrás de la puerta su esposa
comienza a gritar como si estuviera de parto.
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