Monday, November 09, 2020

Agnus Dei

Los débiles marcan el paso en las procesiones,

viajan a países exóticos en clase turista,

votan honestamente lo contrario que dicen,

mandan como sátrapas en las panaderías.

Los débiles han inscrito a sus hijos en su

mismo colegio, dicen oh capataz mi capataz,

visten su hemoglobina con el azar,

se casan cuando el amor emigra hacia otra puerta.

Los débiles se vengan en quien más los protege,

se masturban sin ganas, ponen música ambiente,

sobre quien más le ama, clavan su olvido a fuego. 


Hasta que llegara


llegara con el corazón valiente y roto,

tras haber cruzado a nado un campo

de espinas, un mar de espinas,

un océano de espinas donde los rasgos

que dignifican al hombre hacen de

una calle cualquiera el mismo mundo,

donde quien toca con la punta de sus

dedos los cabellos de un niño toca también

una sonata de Bartok, donde quien llega permanece,

aguanta el bombardeo, sabe que ni la más

destructiva de las muertes podrá alcanzarlo,

podrá robarle ese roce esencial,

esa plenitud contemporánea.


David Torres urde un plan para salvar el mundo


Hay que raptar al tipo

o a la tipa, que en esto

de los malos poetas

los sexos se prodigan,

y atados a una silla

meterles veinte horas

de Rimbaud, Allan Poe,

John Ford o Blas de Otero,

Burguess, Mijangos, Milton,

Copland, Reich, Shostakovich

y si se pone terco

Mihura, Jardiel y Gila.

Después hay que dejarle

desnudo en su portal

o en una calle próxima

y que se joda y que ande.

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