Volverse a enamorar.
Besar una piel que sabe distinto,
no encontrar puntos de referencia
que indiquen el momento justo,
la caricia perfecta,
la mano compañera...
Tres poemas III
Volvemos a comer juntos.
Este hombre cada día más guapo
y a ti te rebasan las ojeras.
Qué importa.
Qué importa el poco tiempo que tienes
para enamorarlo, que importa la sopa fría
-no puedes permitirte el lujo
de perderlo de vista un solo instante, Almudena-,
si cuando vas a citar yo siempre estoy triste
él se anticipa y acariciándote los ojos dice
que le encanto tu alegría.
Ahora
ahora que no soporto que me roce
ni el terciopelo del vestido de mi madre,
que me paso las noches tirando piedras
al cielo
a ver si hay suerte y le doy a Dios en un ojo,
vas y me acaricias la nuca...
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