Que te perdone el día con su urgencia;
que te disculpe el hierro del instante.
Deja la actualidad, que se hace sola,
y ve al presente, que te necesita.
Sabios mudos
La verdad se ha instalado en sus miradas
y ya no hay quien la saque.
No me refiero a la verdad que llega
a base de intentarlo.
La suya es la verdad hereditaria:
clérigos de si mismos,
su historia se encapricha del destino
y en ellos la certeza
ha hecho un terco nido indemostrable.
Cabezas infestadas de verdad
como otras de piojos.
Afirmo todo esto con envidia:
son sabios que no escriben,
por contracción del estirado cuello,
por tortícolis mística.
Lo que en ellos es ágrafa heredad
busca uno con trabajo.
Los sabios mudos son indiscutibles.
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