Dijo el Amor, sentado a las orillas
de un arroyuelo puro, manso y lento:
"Silencio florecillas,
no retocéis con el lascivo viento;
que duerme Galatea, y si despierta
tened por cosa cierta
que no habéis de ser flores
en viendo sus colores,
ni yo de hoy más Amor, si ella me mira".
¡Tan dulces flechas de sus ojos tira!.
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