Acostado a tu lado, oigo los trenes.
Cruzan mi frente sus fugaces luces
rasgando el horror tibio de esta noche.
La pausa del silencio me deja una luz roja,
una nota sobre este pentagrama de cables
y de vías oscuras y brillantes.
Acostado a tu lado,
oigo cono se alejan con el ruido más triste.
Quizá me he equivocado no subiendo a uno de ellos.
Quizá el último acierto sea - abrazado a ti -
dejar pasar los trenes en la noche.
Embraceable you
Es triste poner Gershwin sin poder abrazarte.
Somos el blanco y negro de una vieja película:
las parejas bailando, y los barcos de guerra
que han de zarpar al alba. Quizá fui
aquel muchacho que pereció en combate,
y tu aquella muchacha que nunca olvidaría la canción.
Vivimos en la sombra su mañana perdido
en oscuros bailables. Pero hoy,
aquella música se toca en los conciertos
y nadie ya la baila. Hemos errado el tiempo,
destruido los recuerdos. La fiesta está acabando:
guarda el último baile - la luz de oro del saxo
y una pieza de Gershwin - para cuando se acerque
la hora de embarcar en el buque de guerra.
Después de cenar
Han llamado a la puerta y voy a abrir,
pero no hay nadie.
Pienso en los que amo y no vendrán.
No cierro y mantengo la bienvenida.
Espero con la mano en el marco.
La vida se ha afianzado en el dolor
como las casas sobre los cimientos.
Sé por quién me demoro dejando el haz
de luz hospitalario en la desierta calle.
La primera vez
La cita fue en plaza Cataluña,
delante de la hilera de relojes
que marcaban la hora en las ciudades del mundo.
Ya no he dejado nunca de reir o llorar por ti.
La luna ha estado siempre en las ventanas
de nuestra vida, en sus cristales fríos
como un reloj de aquellos, que ahora marcan
el ayer y el mañana en nuestro amor.
En alguna ciudad del pensamiento
te estaré amando
cuando marque tu hora solitaria
la esfera de la luna sobre el mar.
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