En verdad os digo que el adiós no existe:
Si se pronuncia entre dos seres
que nunca se encontraron
es una palabra innecesaria.
Si se dice entre dos que fueron uno,
es una palabra sin sentido.
Porque en el mundo real del espíritu
solo hay encuentros y nunca despedidas,
y porque el recuerdo del ser amado
crece en el alma con la distancia,
como el eco en las montañas del crepúsculo.
Sobre los hijos
Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de si misma.
No vienen de ti, sino a través de ti,
y aunque estén contigo, no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas,
porque ellos viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerles semejantes a ti,
porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.
Tu eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas, son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.
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