¿Cómo no ser?, te preguntas
y hasta acabas por decirlo en voz alta...
Pero el árbol y la piedra lo callan,
aunque ambos son hijos de la palabra
y por tanto mudos, ya que la palabra
se asusta de ver lo que ha sido de ella...
Pero los nombres aún los tienen.
Los nombres: pino, arce, álamo, temblón...
y los nombres: feldespato, basalto, fonolita,
amor... Bellos nombres,
sólo que asustados de ver en qué se
han convertido.
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