Bajaban de los carros los cestos de manzanas,
las lechugas aún húmedas de noche,
y la azul platería de los peces,
fría en su carne tersa de sonrosados vidrios
como un silbo de luna
en los aljibes de la madrugada.
Venecia
Allí Venecia en el otoño adriático
su veronés veneno verdeante,
su carnaval mojado desparrama,
reparte entre las manos del viajero
camisetas rayadas, brucentauros,
palomas ciprias hacia San Giorgio.
Llegan todos ansiosos: Kodak, planos,
¡Oh Venecia!
tarjetas del albergo Paganelli
Como el árbol dorado sueña la hoja verde...
La tristeza, una calle por donde no pasábamos,
la poesía, una flauta que gime abandonada
y el rezo y los sociales lazos y la amistad,
esa vieja burguesa
con labor de ganchillo
nos vieron ir desnudos
bajo constelaciones.
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