Regreso al mismo café.
Las horas lentas que pasaron en vano
atraviesan conmigo la puerta giratoria
Y al fondo, entre las mesas,
una sonrisa tuya me mira como entonces.
Pero otra vez esos labios extraviados
tampoco son tus labios,
no hay sonrisa y el mármol de esta mesa
certifica en mis manos un mensaje de frío.
Amanece en el tren
Amanece en el tren. Un rumor de raíles
desata la cremallera de mi paisaje.
El cielo abre sus párpados,
instante en que no sabes si acabas
de partir o estás a punto de llegar.
No sabes si el mundo huye de ti
o eres tú velocidad de fuga
entre sus fauces.
Te abandonas al presagio de una selva lejana,
esperas el placer de su espesura.
Cuando quise leer la caligrafía de las brasas
Cuando quise leer la caligrafía de las brasas,
las palabras sin certezas hacían un ruido de celofán
entre los dedos, ya entonces
alguna brecha abierta,
arrugas que no supe interpretar.
Las manos de un alfarero loco
modelaban mi sombra y el orfebre
puso a secar mi corazón
encima de la empalizada.
No comments:
Post a Comment