El tiempo, sin alas, vuela...
nos mira de reojo,
cómplice del segundero del reloj,
escondido entre las piernas de las hojas del almanaque,
pasa corriendo, vertiginoso... sigue su andar,
y la vida... contemplativa,
bella superviviente,
solamente le queda la espera y
la entrega del equipaje,
en cualquier momento.
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