La vida se despliega
con las ventajas del mundo moderno
un poco más tarde de lo que supuse:
hoy he cocinado mis primeras lentejas
a pesar de llevarlas años ganando.
Me veo muriendo, muy anciana,
y confesando ("todo lo quisimos
y todo lo tuvimos, ¿no es cierto?").
Retozando en brazos del entusiasmo,
paseando al sol
a pesar de los autómatas con sombrilla,
gozando de la sensación de escapar
a las gravedades,
en cada paso,
ganándome la luz del día
con una opinión fundamentada
en el ser humano y en su dicha.
Tratando al espectador con el debido respeto,
aún siendo que la realidad no tiene remilgos,
fórmulas de cortesía
ni buenas maneras.
Hoy ya no tengo miedo de querer.
Hoy ya no tengo miedo de no querer.
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