Thursday, September 10, 2020

La edad de oro

Edad de Baudelaire y de muchachas

que adquirían nociones de la vida

en las últimas filas de los cines

y en eses viejos cines de postguerra

convertidos en locales de baile

que cerraban cuando el cielo quería amanecer.

Amaneceres de domingo,

volviendo a casa con un vaso aún

en la mano y con tabaco extraño en el bolsillo,

a esa hora en que abrían los cafés

y las damas de caridad montaban mesas

con carteles de niños moribundos.

Y las naves quemadas son ceniza,

y muy poco de eterna tuvo la juventud. 

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