El tumulto en el corazón
sigue haciendo preguntas.
Y luego se detiene y se compromete
a responder en el mismo tono de voz.
Nadie puede notar la diferencia.
Sin inocencia, estas conversaciones empiezan,
y luego cautivan los sentidos,
como sin quererlo.
Y luego no hay opción,
y luego no hay sentido;
hasta que un nombre
y toda su connotación son lo mismo.
EL ARTE DE PERDER
El arte de perder no cuesta tanto
irlo aprendiendo (insisten las cosas
hasta tal punto en perderse, que el llanto
por ellas dura poco). Y el espanto
por perder algo cada día, rosas
que se deshojan, horas, llaves, cuanto
pueda ocurrírsele a uno, no es tanto.
Practica entonces perder más, y goza
el ritmo de la pérdida, su encanto:
Perdí mi tierra, mi rumbo y aguanto
de lo más bien tanta pérdida. Es cosa
de acostumbrarse: no, es para tanto.
Perderte a ti, por ejemplo, tu encanto
y tu cariño perder, dolorosa prueba sería,
pero nunca tanto
(aunque parezca cadena espantosa).
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