Habría que hacer una apología de los
gestos sencillos de los que se dejan
ir a lo ancho de las horas:
he matado una araña sin duelo
me despierta un minuto al tocarme
publico un poema olvido los versos
recibo una carta sabe mi nombre
le cuento las sílabas.
Doblo las cosas que nunca te digo
sacudes reproches me pongo el silencio.
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