Monday, September 21, 2020

Acaso el trabalenguas

El cielo era en principio

un lugar para estar, y no de todos.

Sólo de quienes fueran capaces

de salvar la dificultad del trabalenguas

- léase pasar por la vida sorteando los escollos

de la tentación en sus múltiples disfraces -.

Al cielo iban los mártires,

los santos,

- apréciese que son muchos más los

santos que las santas -,

los mansos de corazón,

los cumplidores de arcaicos preceptos.

Porque el cielo era un cajón de sastre

al que iban a parar las cosas

que ya no tenían cabida en la tierra. 

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