Crezco de amor bajo este sol tendido,
y crecen las montañas imitando
el hielo de mi ardor no te ha deshecho.
Bajo un ave de nieve estoy vencido
y están sus alas frías coronando
una sierra de sangre por mi pecho.
LA CLASE AL SOL DE LA TARDE
Los atentos alumnos, con cuidado,
cursan la asignatura repetida.
"¿La vida,,," ¿Os la sabéis?
¿Qué erea la vida?
Y siempre hay algo oscuro y no explicado.
ESA MUCHACHA Y SU HERMOSURA ANTIGUA
Esa muchacha y su hermosura antigua
y su ademán de enamorada calle
que va con las ventanas de sus ojos
hacia los arcos del amor triunfante.
Esos cabellos sueltos, esos brazos,
esos pies que se hunden, leves , graves,
esa pierna que avanza irrepetible,
ese velado pecho inalcanzable...
EL ARRABAL
Aledaños de escoria - no escoriales -.
La mano férrea, inevitable, altiva,
llamando en una puerta siempre-viva,
siempre-muerta...¡Que cerca las señales
del Dueño que aminora los caudales
de aquel edén con flor que nadie liba,
con agua escasa, y mísera, y cautiva
de los siete pecados capitales!
El arrabal se crece en su estrechura;
toda ciudad y toda criatura
se presentan prohibidas y distantes.
Las banderas, rasgadas por el viento,
no son en las almenas del lamento
ni sombra ya de los que que fueron antes.
SONETO A MADRID
Centro de España, corazón, latido
de fecundas y unánimes orillas,
almena singular de las Castillas,
faro de luz señero y repartido,
eres un libro abierto y ofrecido
-siete estrellas, setenta maravillas-;
sabe bien a qué altura creces, brillas,
quien con amor a diario te ha leído.
Corte con tu lección de cortesía,
tesoro de tu sol a mediodía,
y en los ocasos con tus oros viejos...
Madrid, no rompeolas, atalaya,
ciudad para vivir donde las haya
y evocación de un sueño si estás lejos.
No comments:
Post a Comment