A la misa a la que acude cada domingo del año,
lleva a Jesús bajo el brazo en un breviario dorado,
El pesebre, el calvario y también el Dies Illa.
-No es que crea, entre nosotros, todas esas tonterías,
-Nos dice- y si el asiste es por causa de su nombre.
Para que el pueblo vil crea viendo creer a este hombre,
Porque hay que entontecer a esta gente que está hambrienta,
Porque algún que otro buen Dios hace falta a fin de cuentas.
¡Haced sitio!, el sacristán de un golpe
y él aparece, En un banco reservado su tripa sublime extiende,
Orgulloso de sentir que con esta devoción,
Al pueblo tiene sujeto y de Dios es protector.
Del libro LAS CONTEMPLACIONES
Hasta que las antorchas provocaron el miedo.
Y admirasteis del tigre Mirabeau la apostura.
Nos contabais de noche, al arrimo del fuego,
como pudo París arrancar de su pecho
la bastilla, y la gente acudiendo con zuecos
del faubourg Saint Antoine, y ese pueblo surgiendo
como sale un espectro de su tumba, azorado
por antiguos oprobios, y aquel veinte de junio
y aquel día de agosto o de octubre...
Nos deciais: ¡Qué horror! Anda suelta la plebe
destruyendo; tenían que evitar ir tan lejos.
Con un pacto tal vez se escapara al peligro.
¿No se puede ser libre con el rey en su trono?
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