Yo quería rescatar los fragmentos de la noche
y formaba una sustancia universal,
comencé entonces a sumergir
los ojos y los dedos en la noche,
le soltaba todas las amarras a la barcaza.
Era un combate sin término,
entre lo que yo quería quitar a la noche
y lo que la noche me regalaba.
SOBRE UN GRABADO DE ALQUIMIA CHINA
Debajo de la mesa
se ven como tres puertas
de pequeños hornos,
donde se ven piedras y varas ardiendo,
por donde asoma el enano
que masca semillas para el sueño.
Encima de la mesa
se ven tres cojines grises y azules,
en dos de ellos hay como figuras geométricas
hechas con huevos irrompibles.
Al lado un jarrón sin ornamento.
Pedazos de leña por el suelo.
Un hombre curvado con una balanza
pesa una cesta de almendras.
La varilla de ébano
alcanza de inmediato el fiel.
El hombre que vende
teme a los tres pequeños hornos
que se esconden debajo de la mesa.
Por allí deben salir
las figuras esperadas
que vendrán cuando el pescador
logre el centro de la canasta.
A su derecha el hombre que contempla
absorto al pescador
juega con unos pájaros.
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