Quiero comer mi pan con el mendigo.
Beber el vino de todos.
Tomar el sol.
Tendida
sobre la hierba húmeda.
CALLE DE LEONOR GONZÁLEZ
La crucé en su final, al mediodía.
La encerré totalmente en mis pupilas:
apenas doce casas, de una sola planta.
Mucho barro y pedruscos, charcas negras...
Cuánto abandono
a tu breve espinazo se adhería.
Tu alumbrado,
de bombillas caseras,
sin apagar aún
era pálida queja frente al sol potente.
Mi corazón
rezó con timidez la humilde placa:
CALLE DE LEONOR GONZÁLEZ.
Quién sería -me dije-, que ha merecido así
compartir la sublime miseria de otros seres.
LA PALABRA
A menudo
igual que los pequeños
ante una tienda de juguetería,
pego la cara
a las brillantes lunas
donde se venden las palabras bellas.
Las admiro.
A otros les sientan bien. Si me las colocara...
Las aparto al momento
porque a mi no me sientan.
Y de nuevo voy cogiendo
brazadas de palabras
entre la hierba fresca
y bajo el cielo.
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