Thursday, May 24, 2018

Indeseable

No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.
Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.
Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No tengo cuenta en el Banco.
Reprobé el examen de admisión.
Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de callarme y hundirme en la basura.


El rey ha muerto.


Ya somos libres. Se acabó la opresión.
Desmantelemos el obsceno palacio.
En nuestra tierra no volverá a haber tiranos.
Todo esto dijo y a continuación
se vistió con el manto y la corona
aún manchados de sangre.
del rey depuesto.


El mar sigue adelante.


Entre tanto guijarro de la orilla
no sabe el mar
en dónde deshacerse.


La jaula de los monos.


Al mono primordial lo llevas dentro
y oculto, pero con gran frecuencia
se te escapa y se muestra rampante
en sitios y ocasiones indeseables.
Y cómo aulla, grita y gesticula
cuando algo le disgusta.
O como se diría casi humano
cuando una acción ajena lo entristece.


Alta traición.


No amo mi patria.
Su fulgor abstracto es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida por diez lugares suyos,
cierta gente, puertos, bosques de pinos,
fortalezas, una ciudad deshecha,
gris, monstruosa, varias figuras
de su historia, montañas y tres
o cuatro ríos.


Niños y adultos.


A los diez años creía
que la tierra era de los adultos.
Podían hacer el amor, fumar, beber a su antojo,
ir donde quisieran.
Sobre todo, aplastarnos con su poder indomable.
Ahora sé por larga experiencia el lugar común:
en realidad no hay adultos,
solo niños envejecidos.
Quieren lo que no tienen:
el juguete de otro.
Sienten miedo de todo.
Obedecen siempre a alguien.
No disponen de su existencia.
Lloran por cualquier cosa.
Pero no son valientes como lo fueron a los diez años:
lo hacen de noche y en silencio y a solas.


A quien pueda interesar.


Que otros hagan aún
el gran poema
los libros unitarios
las rotundas
obras que sean espejo
de armonía
A mí solo me importa
el testimonio
del momento que pasa
las palabras
que dicta en su fluir
el tiempo en vuelo
La poesía que busco
es como un diario
en donde no hay proyecto ni medida


Contraelegía.


Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.


Memoria.


No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.
A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.
Quién te dice que no te esté contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.





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