Patria de piedra y sol y líneas
de lluvia liviana
(orvallo, sirimiri, de Galicia,
Asturias, Vasgongadas:
mi imborrable lluvia en cursiva),
deseperada España,
camisa limpia de mi esperanza
y mi palabra viva, estéril,
paridora, rama agraz
y raíz del pueblo:
sola y soterraña
y decisiva
patria.
Por venir.
Si me muero, será porque he nacido
para pasar el tiempo a los de atrás.
Confío que entre todos dejaremos
al hombre en su lugar.
A la inmensa mayoría.
Aquí tenéis, en canto y alma,
al hombre aquel que amó,
vivió, murió por dentro
y un buen día bajo a la calle:
entonces comprendió:
y rompió todos sus versos.
Un relámpago apenas.
Besas como si fueras a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienas y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,
me declaro vencido, sin vencerme
es ver en ti mis manos maniatadas.
Posición.
Huyo del hombre que vendió su hombría
y sueña con un dios que arrime el hombro
a la muerte. Sin Dios, él no podría
aupar un cielo sobre tanto escombro.
En el principio.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Retablo.
He aquí toda la Biblia amenazándome a muerte con las
pastas en alto.
Los profetas trompeteando a dos carrillos, insaciables,
los reyes y los caballos cantando y piafando hasta
saltarme el tímpano,
los apóstoles, en piedra,
en fin, la Apocalipsis saliéndose de madre
y Pablo
pegando al lucero del alba con un palo de oro.
Lo que más me gusta de todo el libro es que tiene
erratas.
Y eso que ya está corregido cuidadosamente.
Todos el él pusimos nuestras manos,
excepto Pilatos, que las había mandado a lavar.
He aquí toda la Biblia amenazándome con otra vida,
como si no tuviese bastante con la muerte.
Digo vivir.
Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
(Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.)
Digo vivir, vivir como si nada
hubiese de quedar de lo que escribo.
Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada.
Digo vivir, vivir a pulso, airada -
mente morir, citar desde el estribo.
Fidelidad.
Creo en el hombre. He visto
espaldas astilladas a trallazos,
almas cegadas avanzando a brincos
(españas a caballo
del dolor y del hambre). Y he creído.
Creo en la paz. He visto
altas estrellas, llameantes ámbitos
amanecientes, incendiando ríos
hondos, caudal humano
hacia otra luz: he visto y he creído.
Creo en ti, patria. Digo
lo que he visto: relámpagos
de rabia, amor en frío, y un cuchillo
chillando, haciéndose pedazos
de pan; aunque hoy hay sólo sombra, he visto
y he creído.
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