Sunday, May 27, 2018

Melancolías del destierro

Lo peor es creer
que se tiene razón por haberla tenido
o esperar que la historia devane los relojes
y nos devuelva intactos al tiempo que quisiéramos
que todo comenzase.
Y peor es aún ascender como un globo,
quedarse a medio cielo...


En muchos tiempos.


En muchos tiempos
tu cabeza clara.
En muchos tiempos
tu cintura tibia.
En muchos siempres
tu respuesta súbita.
Tu cuerpo se prolonga sumergido
hasta esta noche seca,
hasta esta sombra.


No inutilmente.


Contemplo yo a mi vez la diferencia
entre el hombre y su sueño de más vida,
la solidez gremial de la injusticia,
la candidez azul de las palabras.
No hemos llegado lejos,
pues con razón me dices
que nos son suficientes las palabras
para hacernos más libres.

Haber llevado el fuego un solo instante
razón nos da para la esperanza.
Pues más allá de nuestro sueño
las palabras, que no nos pertenecen,
se asocian como nubes
que un día el viento precipita
sobre la tierra para cambiar, no inutilmente el mundo.


Poeta en tiempos de miseria


Hablaba de prisa.
Hablaba sin oir ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye.
Hablaba sin puntuación y sin silencios,
intercalando en cada pausa
gestos de ensayada alegría
para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.


El amor está en lo que tenemos.


El amor está en lo que tendemos
(puentes, palabras).
El amor está en todo lo que izamos
(risas, banderas).
Y en lo que combatimos
(noche, vacío)
por verdadero amor.
El amor está en cuanto levantamos
(torres, promesas).
En cuanto recogemos y sembramos
(hijos, futuro).
Y en las ruinas de lo que abatimos
(desposesión, mentira)
por verdadero amor.


Hay una leve luz caída.


Hay una leve luz caída
entre las hojas de la tarde
Dame
tu mano y cruza
de puntillas conmigo
para nunca pisarla,
para no arder tan tenue
en sus dormidas brasas
y consumirte lenta
en el perfil del aire.


A usted.


A usted le doy una flor,
si me permite,
un gato y un micrófono,
un destornillador totalmente en desuso,
una ventana alegre.
Agítelos
Haga un poema
o cualquier otra cosa.
Léasela al vecino.
Arrójela feliz al sumidero.
Y buenos días,
no vuelva nunca más, salude
a cuántos aún recuerden
que nos vamos pudriendo de impotencia.


Noche primera.


Empuja el corazón,
quiébralo, ciégalo,
hasta que nazca él
el poderoso vacío
de lo que nunca podrás nombrar.
Sé, al menos,
su inminencia
y quebrantando hueso
de su proximidad.
Que se haga noche. (Piedra,
nocturna piedra sola.)
Alza entonces la súplica:
que la palabra sea sólo verdad.























































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