Rota sobre el arcoiris,
descubro que la lluvia
es mi única coraza.
De noche se me forman
piscinas en el hombro,
mientras cuento mis pecas.
Mi primer bikini.
Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitraba a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo
poco antes de calzar mi primer bikini.
Hoy guardo las canicas,
como un apagado tesoro,
en los huecos de otras espaldas.
¿
La tecnología carece de autoestima:
hierve con las preguntas,
le inquietan las señales
un par de ventanas más al norte.
Igual tu nombre, que borra las vocales
y no impide el divorcio de nuestras maletas.
Una estación, aperitivo, cinco días.
Con las muñecas rotas
te estoy diciendo adiós.
Punto de partida.
Un poema condenado al ocio.
Sus dieciocho versos montan en autobús
y guardo en la cartera - dibujos animados -
dos pasajes con destino a la garganta.
Tu móvil, apenas unos céntimos, sonrisa:
ganarte así, renegando de Espronceda.
Tus besos son la excusa del verano.
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