Saturday, May 12, 2018

A un olmo seco

Antes que el río hacia la mar te empuje,
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.


El mañana efímero.


La España de charanga y pandereta
cerrado y sacristía
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma inquieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.


Campos de Castilla.


Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.


Las moscas.



Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.


Proverbios y cantares VII


Yo he visto garras fieras 
en las pulidas manos;
conozco grajos mélicos 
y líricos marranos...
El más truhán se lleva
la mano al corazón,
y el bruto más espeso
se carga de razón.


Retrato.


Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy en el buen sentido de la palabra, bueno.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


El viajero II


He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...


Noche de verano.


En una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra,
evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.
En el cénit, 
la luna, y en la torre, la esfera del reloj iluminada.
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.



Un criminal.


Frente al reo, los jueces con sus viejos
ropones enlutados; 
y una hilera de obscuros entrecejos
y de plebeyos rostros: los jurados.
El abogado defensor perora,
golpenado el pupitre con la mano;
emborrona un papel el escribano,
mientras oye el fiscal, indiferente,
el alegato enfático y sonoro,
y repasa los autos judiciales
o, entre sus dedos, de las gafas de oro
acaricia los límpidos cristales.
Dice un ujier: va sin remedio al palo.
El joven cuervo la clemencia espera.
Un pueblo, carne de horca, la severa
justicia aguarda que castiga al malo.


Campos de Soria


Es la tierra de Soria árida y fría.
Por las colinas y las sierras calvas,
verdes pradillos, cerros cenicientos,
la primavera pasa
dejando entre las hierbas olorosas
sus diminutas margaritas blancas.

¡Colinas plateadas, 
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, obscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y alamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón tristeza,
tristeza que es amor! ¿Campos de Soria
donde parece que las rocas sueñan,
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!...





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