Reivindico el derecho a vivir cuerpo adentro,
donde no impera el falso testimonio.
Me declaro enemigo de dogmas y prejuicios,
sabañones oscuros del afán de ortodoxia.
Si pudiera algún día huir de mí,
plantaría la semilla de un álamo
en mi vientre. Mi árbol de cuerpo entero,
en pie de mediodía,
avanza campo abierto por valles de combate.
Me siento en el deber de abolir los deberes.
Si me llamas contrario estás equivocado.
Lo contrario es reverso de lo que ya ha existido.
Yo no puedo olvidar lo que aún no existe.
El beso.
No existe conjunción más verdadera
ni mayor claridad en la sustancia
de que estamos creados.
Esta fusión bendita hecha de patrañas,
la arteria permanente de la estirpe.
Solo quien ha besado sabe que es inmortal.
El creador del Creador.
¿A quién se le ha ocurrido este dios
impasible fabricado con mitos y con prohibiciones?
¿Cómo este dios a plazos que mira
hacia otro lado?
Inapreciable cuando más hace falta.
La ignorancia total de la empatía.
Un dios se ha hecho de noche.
Más que un dios, una jaula.
A las órdenes del viento.
Me habría gustado ser discípula de Ícaro.
Hubiera sido hermoso festejar
las bodas de Calixto y Melibea.
Me habría gustado ser
un hitita ante la reina Nefertari
el joven Werther en Río de Janeiro
la deslumbrante dama sevillana
por la que Don José rechazó a Carmen.
Yo quisiera haber sido el huerto del poeta
con su verde árbol y su pozo blanco
el inspector fiscal
con el que conversara Maiakovski.
Me habría gustado amarte. Te lo juro.
Sólo que muchas veces la voluntad no basta.
Contigo.
...pero cuidad con mimo la palabra contigo.
Tratadla con respeto.
Colocadla
sobre mi corazón.
La verdad no está en nadie,
pero acaso
las palabras pudieran engendrarla.
Quizá entonces aquel a quien dije contigo
y para quien contigo fue toda su costumbre,
se acostará a mi lado con ternura,
juntos en el vacío más sagrado,
Invocación
Que no crezca jamás en mis entrañas
esa calma aparente llamada escepticismo
Huya yo del resabio, del cinismo,
de la imparcialidad de hombros encogidos.
Crea yo siempre en la vida
crea yo siempre
en las mil infinitas posibilidades.
Engáñenme los cantos de sirenas,
tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.
Que nunca se parezca mi epidermis
a la piel de un paquidermo inconmovible,
helado.
Llore yo todavía
por sueños imposibles
por amores prohibidos
por fantasías de niña hechas añicos.
Huya yo del realismo encorsetado.
Consérvense en mis labios las canciones,
muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.
Por si vinieran tiempos de silencio.
cuando la eternidad toma nuestra medida,
cuando la eternidad se pronuncia contigo.
Bendita alegría
Te confunden con otras, alegría:
ingenuidad, simpleza,
candidez,
inocencia.
Te subestiman con diminutivos
sucedáneo de la felicidad
eterna hermana pobre de la euforia.
Parecen no acordarse de la helada rutina,
cuando las insistencias se vacían de
sangre
y el espanto aprisiona como un
despeñadero.
No recojas el guante, te lo ruego,
olvida el desafío que lanza la ignorancia.
No nos dejes perdidos en medio de qué
océano,
sin tu luz, alegría,
la de las manos anchas
la que convierte el alma en lugar
habitable.
Desatiende el rumor de las trincheras,
la retórica vana de los oportunistas.
Tu eres el destilado de libertad más único,
el orgasmo espontáneo del espíritu.
Bienhallada alegría
la pura de sabor
la complaciente
tú que vives y reinas en el tuétano limpio
ahora y en el albor de toda hora
quédate con nosotros.
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