Thursday, May 10, 2018

El herido II

Para la libertad sangro, lucho, pervivo,
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espuma a mis venas,
y entro en los hospitales y entro en los algodones
como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


Andaluces de Jaén.


Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?.


Menos tu vientre.


Menos tu vientre todo es confuso.
Menos tu vientre todo es futuro
fugaz, pasado, baldío y turbio.
Menos tu vientre todo es oculto,
menos tu vientre, todo inseguro,
todo postrero polvo del mundo.
Menos tu vientre todo es oscuro
menos tu vientre claro y profundo.


El niño yuntero.


Carne de yugo ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.
Trabaja y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.


Nanas de la cebolla.


Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
junto a la cuna.
Ríete niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.

Vuela, niño, en la doble
luna del pecho;
él, triste de cebolla, tu, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.


Vientos del pueblo me llevan.


Vientos del pueblo me llevan
vientos del pueblo me arrastran
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos del alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha...


Hijo de la luz y de la sombra.


Para siempre fundidos en el hijo quedamos;
fundidos como anhelan nuestras ansias voraces:
en un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos,
en un haz de caricias, de pelo, los dos haces.


Tristes guerras.


Tristes guerras
si no es amor la empresa
Tristes, tristes.
Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.
Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.


Jornaleros.


Esta España que,
nunca satisfecha
de malograr la flor de la cizaña,
de una cosecha pasa a otra cosecha:
esta España.











No comments: