Aire: nada, casi nada,
o con un ser muy secreto,
o sin materia tal vez,
nada, casi nada: cielo.
Aquellos días de entonces
vagan ahora disueltos
en este esplendor que impulsa
lo más leve hacia lo eterno.
Gloria de blancos y azules
purísimos violentos,
algazaras de celajes
que anuncian dioses y fuegos.
Mis manos y mis labios y mis ojos
Mis manos y mis labios y mis ojos
rehacen
con creciente embeleso
próximo al éxtasis,
activo sin embargo,
un incesante viaje
de reconocimiento que a la vez descubre
tanta comarca donde nunca es tarde:
Aurora permanente
sobre cimas y valles.
Del transcurso
Fortuna adversa o próspera no auguro.
Por ahora me ahínco en mi presente,
Y aunque sé lo que sé, mi afán no taso.
Ante los ojos, mientras, el futuro
Se me adelgaza delicadamente,
Más difícil, más frágil, más escaso.
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