Sueñan las pulgas con comprarse un
perro y sueñan los nadies con salir de
pobres, que algún mágico día llueva
de pronto la buena suerte, que llueva a
cántaros la buena suerte; pero la buena
suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana,
ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la
buena suerte, por mucho que los nadies
la llamen y aunque les pique la mano
izquierda, o se levanten con el pie
derecho, o empiecen el año cambiando
de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados
corriendo la liebre, muriendo la vida,
jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino
supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Fuegos
Cada persona brilla con luz propia
entre los demás.
No hay dos fuegos iguales.
Hay fuegos grandes y fuegos chicos
y fuegos de todos los colores.
Hay gente de fuego sereno,
que ni siquiera se entera del viento,
y hay gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos bobos que no alumbran ni queman:
pero otros arden la vida con tantas ganas
que no se puede mirarlos sin parpadear,
y quien se acerca se enciende.
Celebración de la voz humana
Los jíbaros
cortan la cabeza de los vencidos.
Pero el vencido
no está del todo vencido
hasta que le cierran la boca.
Por eso le cosen los labios
con una fibra que jamás se pudre.
Hurtos y rapiñas
Las palabras pierden su sentido,
mientras pierden su color
la mar verde y el cielo azul, que habían sido pintados
por gentileza de las algas que echaron
oxígeno durante tres mil millones de años.
Y la noche pierde sus estrellas.
Ya hay carteles de protesta clavados
en las grandes ciudades del mundo:
NO NOS DEJAN VER LAS ESTRELLAS.
Firmado: La gente.
Y en el firmamento han aparecido ya
muchos carteles que claman:
NO NOS DEJAN VER A LA GENTE.
Firmado: Las estrellas.
El mar
...cuando el niño y su padre
alcanzaron por fin aquellas cumbres
de arena, después de mucho caminar,
la mar estalló ante sus ojos.
Y fue tanta la inmensidad del mar,
y tanto su fulgor,
que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar,
temblando, tartamudeando,
pidió a su padre:
-¡Ayúdame a mirar!
En Buenos Aires, en el puente de La Boca:
Todos prometen y nadie cumple. Vote por nadie.
En Caracas, en tiempos de crisis, a la entrada
de uno de los barrios más pobres:
Bienvenida, clase media.
En Bogotá, a la vuelta de la Universidad Nacional:
Dios vive.
Y debajo, con otra letra:
De puro milagro.
Y también en Bogotá:
Proletarios de todos los países, uníos!
Y debajo, con otra letra:
(último aviso)
Dicen las paredes/2
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