Thursday, May 03, 2018

Arte poético

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.


Casas como ángeles

Empujaré la puerta cancel que es hierro y patio
y habrá una clara niña, ya mi novia en la sala.
Y los dos callaremos, trémulos como llamas,
y la dicha presenten se aquietará pasada.


Estancia El Retiro

El tiempo juega un ajedrez sin piezas 
en el patio. El crujido de una rama 
rasga la noche. Fuera la llanura  
leguas de polvo y sueño desparrama.
Sombras los dos, copiamos lo que dictan 
otras sombras: Heráclito y Gautama.


ENVÍOS: Final

El verbo leer,
como el verbo amar
y el verbo soñar,
no soporta
el modo imperativo.


Milonga de los morenos

Alta la voz y animosa
como si cantara flor
hoy, caballeros, le canto
a la gente de color.
Marfil negro los llamaban
los ingleses y holandeses
que aquí los desembarcaron
al cabo de largos meses.
De tarde en tarde en el Sur
me mira un rostro moreno,
trabajado por los años
y a la vez triste y sereno.


Las cosas

El bastón, las monedas, el llavero,
la dócil cerradura, las tardías
notas que leerán los pocos días
que me quedan, los naipes y el tablero,
un libro y en sus páginas la ajada
violeta, monumento de una tarde
sin duda inolvidable y ya olvidada,
el rojo espejo occidental en que arde
una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas,
láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,
nos sirven como tácitos esclavos,
ciegas y extrañamente sigilosas!
Durarán más allá de nuestro olvido
no sabrán nunca que nos hemos ido.


Una llave en Salónica

Abarbanel, Farías o Pinedo,
arrojados de España por impía
persecución, conservan todavía
la llave de una casa de Toledo.
Libres ahora de esperanza y miedo,
miran la llave al declinar el día;
en el bronce hay ayeres, lejanía,
cansado brillo y sufrimiento quedo.
Hoy que su puerta es polvo, el instrumento
es cifra de la diáspora y del viento,
afín a esa otra llave de santuario
que alguien lanzó al azul cuando el romano
acometió con fuego temerario,
y que en el cielo recibió una mano.


Los justos

Un hombre que cultiva un jardín,
como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan
un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página,
que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los
tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar
un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra
haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
esas personas, que se ignoran,
están salvando el mundo.


Lectores

De aquel hidalgo de cetrina y seca
tez y de heróico afán se conjetura
que, en víspera perpétua de aventura,
no salió nunca de su biblioteca.
La crónica puntual que sus empeños
narra y sus tragicómicos desplantes
fue soñada por él, no por Cervantes,
y no es más que una crónica de sueños.
Tal es también mi suerte. Sé que hay algo
inmortal y esencial que he sepultado
en esa biblioteca del pasado
en que leí la historia del hidalgo.
Las lentas hojas vuelve un niño y grave
sueña con vagas cosas que no sabe.


Un ciego

No sé cual es la cara que me mira
cuando mira la cara del espejo;
no sé qué anciano acecha en su reflejo
con silenciosa y ya cansada ira.
Lento en mi sombra, con la mano exploro
mis invisibles rasgos. Un destello
me alcanza. He vislumbrado tu cabello
que es de ceniza o es aún de oro.
Repito que he perdido solamente
la vana superficie de las cosas.
El consuelo es de Milton y es valiente,
pero pienso en las letras y en las rosas.
Pienso que si pudiera ver mi cara
sabría quien soy en esta tarde rara.


¿

Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.


El oro de los tigres

Hasta la hora del ocaso amarillo
cuántas veces habré mirado
al poderoso tigre de Bengala
ir y venir por el predestinado camino
detrás de los barrotes de hierro,
sin sospechar que era su cárcel.
Después vendrían otros oros,
el metal amoroso que era Zeus,
el anillo de cada nueve noches
engendra nueve anillos y éstos, nueve
y no hay un fin.
Con los años fueron dejándome
los otros hermosos colores
y ahora sólo me quedan
la vaga luz, la inestricable sombra
y el oro del principio.
Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores
del mito y de la épica,
oh de un oro más precioso, tu cabello
que ansían estas manos.


La luna

Sé que la luna o la palabra luna
Es una letra que fue creada para
La compleja escritura de esa rara
Cosa que somos, numerosas y una.

Es uno de los símbolos que al hombre
Da el hado o el azar para que un día
De exaltación gloriosa o de agonía
Puede escribir su verdadero nombre.

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