Y todo fue porque un día
le vino del corazón
un golpe de sangre oscura,
un ansia de decir no
a todo cuanto tenía
letra de computador.
Y metiéndose en su gana,
en su recóndito yo,
sobre la piedra del alma,
dura y fría se sentó...
_¡Que sea lo que Dios quiera;
en mis hambres mando yo!...
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