Se le ha quedado grande
la calle a mis zapatos,
se le ha quedado inmensa.
Como se acompañaban con los tuyos
ahora han perdido el rumbo.
Se paran, me preguntan por ellos...
y no sé qué decirles a mis zapatos.
Striptease
No me enfrento jamás conmigo a solas
y ni aún estando a solas soy sincero,
me parcelo y escojo en cada caso
la parcela que veo más aparente
para ser mi razón o mi eximente.
La batalla
El general levantó el sable
para afilar su punta con los cielos;
el cornetín sonó.
Su viento erizo el vello de aspirantes a héroes
y una bayeta sucia de victorias ondeó de contento.
Mi chaqueta
Mi chaqueta lleva una manga doblada por el codo
esperando a tu brazo que se pose en su gesto.
Es una manga tonta,
lleva así tanto tiempo, sin ayer ni mañana,
que es que ya ni se acuerda de por qué está doblada.
Sueña...
Abstractamente solo en la contienda
Abstractemente solo en la contienda,
me enardezco en ser tonto y repito,
llenándome la boca con olas de tormenta y huracán de solista,
soy un hombre y tengo inteligencia.
Y salto como un mono y me encaramo
al árbol de mi ciencia.
Apuesto calderillas al reloj y siempre pierdo;
como un imbécil administro mi tiempo
y no me juego el resto por si acaso...
Madre
Las huellas, el carné, ¿estado?
Estoy en trance, estoy enamorado.
Eso no sirve, ¿es soltero o casado? ¿Profesión?
Yo profesé de hombre y quiero doctorarme.
Es usted tonto, eso es sexo varón,
se escribe en otra parte.
Ronda
Es mérito el mirarte, Ronda,
esculpida en la sierra y florecida.
Vuela el alma de Rilke por el alma del Tajo
con ecos de Espinel
y barcos de Obregón.
Vagan entre señoritos sin encontrar señor.
La piedra se ha hecho corro
por ver a los Romero como juegan al toro.
En las cómplices rejas de tus balcones sabios
aún palpitan las almas de los besos de antaño.
Si son señales ciertas del amor
no poder ni querer darse al olvido
¡Oh Ronda!, yo te amo.
Goya
Don Paco, el de los toros,
toro tú de Guisando
derritiendo la piedra con la luz de tu fuego.
Don Francisco de Goya, carrusel de osadías,
lúcido azogue de espejos cortesanos,
de lunas embotadas por turbios lametones
de perrunas casacas y alientos alfombrados.
Ves volar cual pelele al pueblo del que vuelas,
quizá tu autorretrato,
mas no caerá el pelele.
Y cuando lo sustente su dignidad violada
se habrá engoyado el mundo por el que tu clamabas.
No comments:
Post a Comment