Sunday, April 29, 2018

Nocturno

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino,
lo triste, lo desgraciado y muerto
que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma
quisiera gritar
lo que no puede por imposible, y calla.


El ángel de los números

Vírgenes con escuadras
y compases, velando
las celestes pizarras.
Y el ángel de los números, pensativo volando,
del 1 al 2, del 2 al 3,
del 3 al 4.
Tizas frías y esponjas
rayaban y borraban
la luz de los espacios.


Lo que dejé por tí

Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tu, Roma, a cambio de mis penas,
Tanto como dejé para tenerte.


Se equivocó la paloma

Que las estrellas, rocío;
que la calor; la nevada.
Se equivocaba
Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba
Ella se durmió en la orilla.
Tú en la cumbre de una rama.


Guía de Roma para españoles


Aquí está, caminante, Roma entera:
la graciosa, la santa, la putana,
tu laberinto de cada mañana,
Roma que se venera y desvenera.
Puedes amarla igual que una ramera,
o como a la reliquia vaticana
que ha de salvarte el alma de la hoguera.
Roma que te anonada y enaltece,
que te pudre, te exalta, te enfurece,
que mil veces te toma y te destoma.
Un español te lleva de su mano
y te repite, oh caminante, en vano:
Si entras en Roma no saldrás de Roma.


Cuba dentro de un piano

Cuba se había perdido y ahora era verdad.
Era verdad, no era mentira.
Un cañonero huído llegó cantándolo en guajiras.
La Habana ya se perdió.
Tuvo la culpa el dinero...
Calló, cayó el cañonero.
pero después, pero ¡ah! después...
fue cuando al SI lo hicieron YES.


Pregón

¡Vendo nubes de colores:
las redondas, coloradas,
para endulzar los calores!
¡Vendo los cirros morados
y rosas, las alboradas,
los crepúsculos dorados!
¡El amarillo lucero,
cogido a la verde rama
del celeste duraznero!
¡Vendo la nieve, la llama
y el canto del pregonero!


Háblame del mar marinero

Dicen que el barco navega
enamorado del mar.
Buscando sirenas va,
buscando sirenas nuevas
que le canten al pasar.
Dicen que el barco navega
enamorado del mar.
Háblame del mar, marinero,
háblame del mar, háblame.


(Publicado en 1922 en "Horizonte o "Alfar")

Descalzo de las cosas,
¡qué polo sur del alma!
Torres de los luceros
¿qué telegrama herido
de gritos lleva el viento?
Al corazón del mundo lo han matado
las flechas de los nuevos flecheros.
Y el eco deshilvana
la bobina sonora de todas las campanas.


Gatos, gatos y gatos...


Gatos, gatos y gatos y más gatos
me cercaron la alcoba en que dormía.
Pero gato que entraba no salía,
muerto en las trampas de mis diez zapatos.
Cometí al fin tantos asesinatos,
que en toda Roma ningún gato había,
más la rata implantó su monarquía,
sometiendo al ratón a sus mandatos.
Y así hallé tal castigo, que no duermo,
helado, inmóvil, solo, mudo, enfermo,
viendo agujerearse los rincones.
Condenado a morir viviendo a gatas,
en la noche comido por las ratas
y en el amanecer por los ratones.


Peñaranda de Duero


¿Por qué me miras tan serio,
carretero?
Tienes cuatro mulas tordas,
un caballo delantero,
un carro de ruedas verdes,
y la carretera toda para ti,
carretero ¿Qué más quieres?.


Canción 8


Entré en el patio que un día
fuera una fuente con agua.
Aunque no estaba la fuente,
la fuente siempre sonaba.
Y el agua que no corría
volvió para darme agua.


De Marinero en tierra

Gimiendo por ver el mar
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera!
Siempre me la inflama el viento
al divisar la escollera.


Madrigal al billete del tranvía

Adonde el viento, impávido, subleva
torres de luz contra la sangre mía,
tú, billete, flor nueva,
cortada en los balcones del tranvía.
Huyes, directa, rectamente liso
en tu pétalo un nombre y un encuentro
latentes, a ese centro
cerrado y por cortar del compromiso.
Y no arde en ti la rosa ni en ti priva
el finado clavel, sí la violeta
contemporánea, viva,
del libro que viaja en la chaqueta.















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