Sunday, April 29, 2018

Boda patética

En la brumosa esquina del salón,
cualquier pedido tocará la orquesta.
Y sonarán las notas de Gardel.
Se oirá este coro:
"El día que me quieras"
Me iré a casar. Empezará a llover
y los jazmines cerrarán las rejas.


La rosa dura

Yo te amaría, más veleta soy.
El gallo fui de la veleta roja
que al Sur apunta pues al Sur me voy.
En su frío se templa mi poesía:
la rosa dura que ha de abrirse hoy.





No vi tu mar, apenas lo entreveo
en la delgada orilla de mi río.
No caminé, como si tú, Neruda,
por calles rectas de Valparaíso
Más si supieras, Pablo, cuantos versos
en que nombraste a Chile yo he leído.


No vi tu mar.


Amigo, vamos a abordar un tren.
Desde la ventanilla miraremos
a los lobos cercándole a la luna,
y a la lluvia apagando el firmamento.
El tren habrá parado en la comparsa
que de esquina en esquina va hasta el puerto.
después de un rato pitará, y entonces
me iré con él para pasar de lejos.


Los pasajeros.


Aquella pálida mujer de gafas
que está sentada junto al hombre y mira
con precaución la lenta caravana
de hormigas que desplazan fibra dulce,
que está también pendiente del posible
ardor de las cigarras limoneras,
y el consiguiente apremio de la tarde,
con su penacho vivo de cocuyos;
aquella dama de ligera blusa
y sólido reloj, que el hombre a ratos
observa sin saber a fin de cuentas,
si no sería bueno despedirse,
advierte que al hablar el caro hechizo
de tanto atardecer se va perdiendo.
No importa cuán honesta suena entonces
la frase que de amor se torna ronca.


Momento.


Voy caminando.
Van mis plantas sobre el pasto
con cristales de violetas.
Apuros, ¿para qué? La hierba es larga
y el paso se hace oveja bajo el sol.
Mañana es otro día
y a horas altas
apaga y prende el cielo
un nuevo Dios.


La hierba es larga.

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