Saturday, November 12, 2016

Viajar sin ton ni son

Hay una película americana de 1969 que se titula Si hoy es martes, esto es Bélgica. Es una comedia que cuenta como un grupo de turistas, recorre siete países en dieciocho días. De ahí un título certero que siempre me hizo bastante gracia. Lo suelo citar de vez en cuando, porque acierta de pleno al describir, una forma de viajar que está ganado terreno cada día más. 

Confieso que hace 40 años hice un viaje por carretera de esas características: Génova, Milán, Venecia, Innsbruck, Salzsburgo y Viena. Con 26 años, aunque a duras penas, pude sobrevivir. Tuvo su encanto, incluso. Ahora, que a los 66 buena parte del entorno, lo forma gente jubilada, se tiene la oportunidad de escuchar testimonios de primera mano a amigos y vecinos que regresan hechos polvo y a veces, casi y sin casi estresados, de ciertos engendros y me refiero a la definición de la RAE: criatura informe que nace sin la proporción debida, cuyo nombre suele ser Circuíto y su apellido múltiple y variado. Roma/Florencia/Venecia con parada en Asís, en Verona y donde se tercie. Viene/Praga/Budapest con escapada rápida a Karlovy Vary, Cuatro noches en Nueva York con excursión a Washington y muchísimos más. O dicho de otra forma: Nunca fue tan barato, viajar tan mal.

Ayer, nuestra costumbre de hablar tres tonos más alto de lo que aconseja la discrección, hizo que me llegara parte de una conversación de terraza entre tres amigas. Estocolmo y Londres estupendos afirmaban con entusiasmo. París genial... y lo que no ví en San Petersburgo fue el museo nosequé. Hermitage, dijo la más avispada. Si, eso, eso y añadió, ¡qué bonito es el río Deva!.
Aunque lo de esta mañana en clase de gimnasia, ilustra tanto o más. Mi grupo, cuenta con la alumna graciosilla/cheli, metepatas, protestona que pone a prueba la paciencia de los monitores. En respuesta a un comentario sobre su actitud, digamos, poco gimnástica y parece ser que como justificación para no mover las piernas, ha informado en voz alta que venía de hacer un crucero y que en Atenas tampoco había subido allá arriba, al sitio ese... ¿El Partenon? ha preguntado con una cara indescifrable, el santo varón que nos ayuda con los abdominales. Si, ahí, ahí, ha respondido ella.

Una vez más he recordado esa película de título tan descriptivo. Pienso también que esta peculiar forma de desplazarse de un sitio a otro, merece quizás otra película que podría titularse, Viajar sin ton ni son. 


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