Friday, July 17, 2015

Vámonos pa Cái

Los telediarios llevaban unos cuantos días amenazando. Tanto, que en algún momento, a una, se le pasa por la cabeza la idea de que Santander, hubiese sido más adecuado para esta primera quincena de Julio. Que si alerta naranja, que si golpes de calor, que si en Écija es alarmante, que si la abuela fuma. Llegar al aeropuerto de Sevilla, sobre la una del mediodía y casi decepcionarse era inevitable. Veintiseis grados y una brisita irreal según los medios de comunicación. El resto de la familia aterriza sin novedad y salimos a la carretera.

La avenida Reina Sofía de Costa Ballena, nunca saldrá en el telediario por mucho que suba la temperatura. Ambas aceras cuentan con árboles frondosos que hacen muy agradable el paseo, tanto a pié como en bicicleta (carril). La urbanización Nuevo Oasis del Sur 3ª fase merece su nombre. La parte oasis, quiero decir. En los jardines, muy bien cuidados, hay bastantes palmeras además de otros verdores. El apartamento tiene una excelente orientación; tampoco saldrá en los informativos que hacen dudar de los viajes al sur.

La playa se estira o encoge según la marea, pero cabemos todos y entre sombrilla y sombrilla hay una distancia civilizada, suficiente como para no escuchar las conversaciones ajenas.  Aquí no se han permitido desmanes urbanísticos y la máxima altura de los edificios es de tres plantas. Esta sensata forma de construir, permite dar la espalda al mar y ver dunas en lugar de creer que estás en Manhattan. Es una playa perfecta para pasear incluso con carrito de bebé.

A esta crónica vacacional le falta una parte de capital importancia y en ella topamos con esa práctica tan extendida de contratar en hostelería a gente que no tiene la menor idea del oficio. Para una celebración familiar, elegimos Kanguro, un chiringuito de diseño modenno, modenno que lo tenía todo. A pié de playa, música, mobiliario, una carta prometedora, camareros jóvenes con un look actual, uniformados de bermuda y camiseta negra. Parecían modelos y es probable que alguno lo fuese, cualquier cosa menos camareros.  Si alguien se encargaba de la coordinación, lo hacía fatal.

Cuando sirvieron solo dos primeros (éramos seis) y a continuación dos segundos mientras los demás seguíamos esperando, la delirante respuesta al reclamar nos hizo tomar la situación a broma. Hoy es sábado y en la bahía los sábados... soltó sin inmutarse un supuesto responsable. El tono era de: ¡¡¡pero hombre, qué pretende, hoy es sábado y estamos en la bahía!!!. A partir de ahí, entramos también en el juego orientando incluso a los desorientados camareros sobre en que mesa dejar los platos, negociando con los de la mesa de al lado un solomillo servido a destiempo, dado que se les iba a enfriar. Por fallar, falló hasta el mobiliario. A mi queridoyerno y a otro comensal se les rompieron las sillas y dieron con sus huesos en el suelo. Después del sobresalto inicial y a falta de lesiones, optamos una vez más por el humor. 

La comida era buena (menos mal) aunque hubo quien, harto de esperar, anuló sus calamares plancha. Eran más de las cuatro y media.

Continuará.


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